Desde adentro

Se perdía…

 

Pensó que nada tendría ya que perder, que la vida le había otorgado los mayores regalos, que casi no le quedaban experiencias por vivir, y sin embargo tenía miedo a enfrentarse a lo que aparentemente era un sencillo cambio.

Sus límites siempre habían estado convenientemente marcados, ni un sólo altibajo había conseguido sacarla de su largamente mantenido equilibrio, hasta ese momento en que su vida dio un giro drástico rompiendo su tranquilidad cotidiana y marcando un vacío tras el cortado que el inesperado fallecimiento de su madre le había impuesto.

Un enorme acantilado le obligaba a tomar por si misma, las decisiones que hasta entonces habían sido siempre tuteladas desde la enorme experiencia de su progenitora. Aquella sencilla y pequeña mujer le brindaba la mayor de las fuerzas, la certidumbre de que bajo su auspicio nada podría fallar, sea lo que fuere que decidiera, si ella le aconsejaba.

Sintió por primera vez en su vida el abrazo de la soledad, y se aferró a él como si el mañana sólo existiera tras la nebulosa de un incierto presente.

En sus noches de enormes silencios se acostumbró a escribir desde el fondo de su alma. Fue en la escritura donde halló el consuelo que anhelaba, y que le instaba calurosamente a desnudar su alma en el papel. Cada noche sus lágrimas se convertían en palabras y entre las líneas se dejaba ir el alma, el dolor afloraba inconsciente como indoloro entre sus manos cuando se deslizaban suavemente por las teclas. Y su ordenador se convirtió en el fiel compañero al que confiaba todo aquello que surgía en la impronta de su pensamiento.

Llegó a considerar su escritura la pernocta de un pasado que surgía a cada paso, desvelandose entre las comas y los puntos, con la misma facilidad e improvisación que para un niño su juego favorito.

Entre todos sus escritos se perdía en lo irreal con inusitada destreza, buceando entre sentimientos puros, sin preámbulos, sin amortiguar los golpes que entre los signos ortográficos desbordaban los renglones.

Y era feliz perdiéndose hacia adentro sin espectadores, con la única esperanza de encontrarse, o incluso de perderse del todo para no volver a encontrarse nunca más.

Carla

@carlaestasola

06/05/2016  a las 20:25

Standard