Dedicados

Su frente cristal quebrado

 

Con sus grandes ojos castaños mira al mundo curiosa,
rebulle en su frente un caracol que se columpia
tapando intermitente
parte de una de sus largas y rizadas pestañas.

El sol le hirió al mirarle de frente,
mientras bebía los paisajes
emborrachaba sus sentidos.
Tocada por un rayo de luz
se quebró como con reflejo de fuego,
rompiendo el fino cristal de su frente.

Silencio la bella del monte duerme,
necesita descansar , tiene fiebre,
quiere que le contemos un cuento
pide que le llevemos flores.
Que mimemos sus letras,
que ocupemos sus renglones.

Silencio no la despiertes
que tiene sus alas tapadas,
y a veces cuando si se emociona
Inconscientemente las bate,
y no quiero que se destape en plena noche
y vuele lejos
uniéndose definitivamente al grupo de hadas del bosque
y nos deje solos
a los enanos que habitamos bajo las flores

Duerme, descansa,
te traeremos los colores,
para que no eches de menos
el aroma de tu monte.
@carlaestasola
Extremadura 29 de octubre de 2016 a las 22:00

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Ecosistemas

Montes viejos, encinas verdes

 

 

Desde la inmensidad de la Dehesa,

he contemplado las pocas casas

que apiladas en un pequeño monte viejo,

y de perfil redondeado

componen el paisaje de mi recién adoptado pueblo.

 

Recopilar el corcho de los alcornoques,

mientras hago fotos eclipsada por la luz

del amanecer en la piel rubia de las vacas

que pastan las secas hierbas en este calor

mientras una imperceptible sonrisa aflora

y los ojos de esta madrileña brillan

verde encina,

verde jara,

verde la mirada.

bici2

 

 

@carlaestasola

25/08/2016 a las 22:01

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Daños colaterales

A veces culpamos a los demás de los defectos que nosotros mismos cometemos, siempre es más fácil encontrar la paja en el ojo ajeno.

Hablar de daños a terceros, cuando los segundos fueron los que hicieron daño a los primeros es realmente para reírse, o llorar de la pena.

Seguramente si hubieran sabido que estaban haciendo daño, no habría sido tan divertido, pero lo estaban. Y ahora claro se quejan de daño ajeno, cuando en su día no supieron ver como tal el propio.

Paradojas de la vida, todos hacemos daño, el problema está en el orden, quien fue el primero, el segundo o el tercero, todos fueron culpables.

Hay daños sutiles, esos en los que se muestra la intención de herir, pero sólo la puntita. Utilizar las canciones que la segunda regaló, las imágenes que sabes doleran, o a las amigas comunes para obtener información.

Todas esas minas van surtiendo su efecto. Lo esperado es sencillamente obviarlo o morder.

Pues yo, debí nacer sin duda, con algún defecto de fábrica porque a mi cuando me duele, muerdo.

Cuando se quiere saber, se sabe, y cuando se quiere cerrar los ojos para no ver, luego no puedes culpar a otros de tus heridas. Si cuando pudiste no lo hiciste, si cuando viste obviaste, no vengas ahora con tonterías.

 

Carla

antigua @carlaestasola

 

 

 

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Desde adentro

Se perdía…

 

Pensó que nada tendría ya que perder, que la vida le había otorgado los mayores regalos, que casi no le quedaban experiencias por vivir, y sin embargo tenía miedo a enfrentarse a lo que aparentemente era un sencillo cambio.

Sus límites siempre habían estado convenientemente marcados, ni un sólo altibajo había conseguido sacarla de su largamente mantenido equilibrio, hasta ese momento en que su vida dio un giro drástico rompiendo su tranquilidad cotidiana y marcando un vacío tras el cortado que el inesperado fallecimiento de su madre le había impuesto.

Un enorme acantilado le obligaba a tomar por si misma, las decisiones que hasta entonces habían sido siempre tuteladas desde la enorme experiencia de su progenitora. Aquella sencilla y pequeña mujer le brindaba la mayor de las fuerzas, la certidumbre de que bajo su auspicio nada podría fallar, sea lo que fuere que decidiera, si ella le aconsejaba.

Sintió por primera vez en su vida el abrazo de la soledad, y se aferró a él como si el mañana sólo existiera tras la nebulosa de un incierto presente.

En sus noches de enormes silencios se acostumbró a escribir desde el fondo de su alma. Fue en la escritura donde halló el consuelo que anhelaba, y que le instaba calurosamente a desnudar su alma en el papel. Cada noche sus lágrimas se convertían en palabras y entre las líneas se dejaba ir el alma, el dolor afloraba inconsciente como indoloro entre sus manos cuando se deslizaban suavemente por las teclas. Y su ordenador se convirtió en el fiel compañero al que confiaba todo aquello que surgía en la impronta de su pensamiento.

Llegó a considerar su escritura la pernocta de un pasado que surgía a cada paso, desvelandose entre las comas y los puntos, con la misma facilidad e improvisación que para un niño su juego favorito.

Entre todos sus escritos se perdía en lo irreal con inusitada destreza, buceando entre sentimientos puros, sin preámbulos, sin amortiguar los golpes que entre los signos ortográficos desbordaban los renglones.

Y era feliz perdiéndose hacia adentro sin espectadores, con la única esperanza de encontrarse, o incluso de perderse del todo para no volver a encontrarse nunca más.

Carla

@carlaestasola

06/05/2016  a las 20:25

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